Las Leyes Naturales y Espirituales

21 JULIO, 2017 BY HUGO CASAS

GRAN MAESTRO - GRAN LOGIA ESPAÑA

 leyes naturales

 Me parece necesario establecer una diferenciación entre Leyes Naturales y Leyes Espirituales. En realidad, esa diferenciación entre unas y otras se produce únicamente a nivel de la percepción de los conceptos humanos y no en la naturaleza real de las propias Leyes. Las Leyes Naturales son todos aquellos fenómenos físicos que se repiten periódicamente y de los que no encontramos su origen en la imaginación o en la voluntad y que a nosotros nos parece que tienen una existencia física que percibimos objetivamente.

Los seres humanos concebimos la naturaleza pensando que es la expresión o manifestación de la energía y del orden cósmico que nosotros somos capaces de discernir. Dicho de otra manera, pensamos que la naturaleza es una matriz de fenómenos que se encuentran dentro del alcance de la percepción de nuestros sentidos.
Es evidente que para el ser humano lo que queda fuera del alcance de su discernimiento pasa a ser desconocido o tan solo motivo de especulación. Esa realidad abstracta o desconocida no es concebida generalmente como naturaleza, sino más bien como algo Absoluto y la mayoría de seres humanos cometen el error de elevar lo Absoluto al reino de lo Divino o Espiritual, otorgándole, además, la categoría de sobrenatural, lo que implica que para ellos lo espiritual trasciende el universo físico que está más allá de lo que pueden percibir objetivamente y que, por lo tanto, son fenómenos que no pueden controlar a través de la voluntad.


Al amparo de estas reflexiones podemos afirmar que, comúnmente, se comete el error de asociar lo espiritual con aquello que la mente humana no comprende o que la trasciende. Con el paso de los siglos, muchas de las cosas que antes se consideraban sobrenaturales se han ido reduciendo cada vez más al nivel de lo natural. Los alquimistas de la edad media fueron tachados de diabólicos por sus intentos de transmutar metales básicos. De la misma manera, los primeros intentos científicos de conocer la composición de la sangre fueron calificados de sacrílegos.
La sociedad actual está acostumbrada a la investigación de los fenómenos físicos y ya nadie, o realmente muy pocas personas, ponen en tela de juicio el derecho que tiene el hombre a descubrir los secretos del universo, aunque la mayoría de las personas continúa relacionando lo espiritual con el elemento conocido como alma, considerando a esta última una especie de mente o conciencia divina, amorfa y con ciertos atributos, entre ellos los impulsos morales a los que se les llama conciencia. Por todo esto, se afirma que todos los pensamientos y los códigos morales que al parecer tienen su origen en el alma y en la conciencia, son leyes espirituales.
Para el místico existe un único y amplio espectro de fenómenos: el Cósmico, la mente de Dios trabajando a través de un océano de vibraciones. Desde este punto de vista las Leyes son, en realidad, el funcionamiento básico de esa energía vibratoria. Los fenómenos que se encuentran dentro de este espectro no están divididos, una manifestación se fusiona paulatinamente con la siguiente.
También bajo el punto de vista místico, los seres humanos experimentamos este fenómeno de manera dual: objetivamente, como resultado de los cinco sentidos receptores y de las limitaciones orgánicas específicas, y subjetivamente, a través de los sueños, de las emociones y de su propio idealismo moral que, aunque nos resulte complicado relacionarlos con las causas llamadas naturales, se asocia con la causa primaria, con lo espiritual, aunque en esencia no son más espirituales que las fuerzas que causan el majestuoso movimiento de la Tierra y los demás planetas alrededor del Sol, y que se unen a las causas materiales formando la armonía de un único fenómeno: el Cósmico

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